jueves, 12 de enero de 2012

18 - Love Will Tear Us Apart



   Te prometí que no iba a cambiar por nada ni nadie en el mundo, te prometí que nada iba a romper lo poco que quedaba en el cajón, esas cartas, esos dibujos, ¿te acordás de aquel elefante rosa que Septiembre nos dejó en un papel? Ay mi amor, cuánto fue lo que dejamos caer…
   Corrí, cómo si el final del mundo se aproximara, corrí por las calles desesperado intentándome alejar de lo poco que me quedaba. Mi madre estaba totalmente irritada al ver mis notas del colegio, nunca entendió que todo lo que enseñaban yo hace tiempo lo sabía y en lo que peor me iba era porque en verdad no me interesaba en absoluto, ¿matemáticas? ¿Para que quiero yo saberlas? Sólo me interesaba la filosofía, la psicología y bueno, la literatura también me encantaba. Pero, dicho y hecho, mis padres nunca entendieron el por qué me iba tan mal en el colegio, pero si se pusieran un poco a pensar, la respuesta era tan simple: porque no me interesaba, porque no me importaba en absoluto crecer de esa manera. Es tan distinto a lo común filosofar lejos de todo, no quería la rutina de la vida perfecta, aún no pensaba en hijos, ni en casarme, ¿trabajo? ¿Para qué? ¿Para ajustarme a algo que en verdad no quiero pertenecer? No, eso no es para mí. Deseaba algo distinto, pero lamentablemente el mundo era tan distinto a mí. Perdido en el barco de mi habitación, hacía tiempo que había decidido no tirarme a naufragar, ¿para qué? Si continuamente veo fracasar a las personas, como si la desilusión y la angustia estuvieran en la última moda. A veces es mejor gritar: -quiero esperar un poco-, a seguir de pie con tal de ser uno más. Si tan sólo pudiera elegir un rumbo para el mundo, todo sería diferente. ¿Nunca pensaron un mundo perfecto? Pues, cada noche antes de acostarme veo por mi ventana e imagino cómo mi vida hubiese sido distinta si cosas no pasaban, si personas no aparecían, si la vida no hubiese sido vida de tal forma que mi destino esté destinado a fracasar, mierda, mierda, mierda. Muchas veces me dijeron que la vida no es fantasía, que la vida son responsabilidades, metas y esfuerzo. Me quedo con el esfuerzo de cumplir mis sueños, pero no olvido al niño que me pedía a gritos que no lo olvidara, siento que si las noches siguen pasando, de a poco me voy a olvidar su rostro, no importa que después de muerto, no lo siga viendo crecer, pero como lamentaría el olvidarme oírlo recitar poesías y sonetos de canciones que jamás iban a sonar. A mamá siempre le gustaron mis poesías, pues, no estaban para nada mal, creo que hubiese sido un gran poeta, no un profesional, sino un poeta de cama, aquellos que no olvidan que el mundo es mundo gracias a sentarse unos minutos a reflexionar, ¿Qué quiero? ¿Qué hago? ¿Qué sigue? Pues, la vida se ha vuelto extraña tras despertar todos los días, hoy el mundo ya no reflexiona, sólo vive olvidando un corazón. ¿Y qué pasa con los cientos de niños que lloraron por un mundo distinto? Cientos de madres que dijeron que querían lo mejor para ellos, pero no, el mundo está demasiado loco cómo para dejar crecerlos. ¿Sociedad? No me esperes, yo no pertenezco a este circo.
   Simón empezó a correr a mi lado, y:-¿A dónde vas tan apurado?- preguntó-
   -No importa- Le dije. –Corramos- agregué.
   Era verdad, no tenía destino alguno, sólo alejarme de lo que muchos pretendían de mí. Quería un árbol grande donde sentarme, un buen libro para leer y mucho tiempo para pensar. –Bueno, dale- dijo Simón y juntos empezamos a correr por toda la ciudad. Las personas nos miraban y: -Que bichos raros- susurró el viejo loco de la esquina del banco, lo dijo muy despacio pero ambos pudimos escucharlos y, ¡cuánta gracia nos causó! Riendo y buscando adrenalina con Simón íbamos a toda velocidad, podía sentir que mis pies ya ni tocaban el suelo, algo exagerada mi metáfora, algo efímeras mis respuestas al motivo de mi existencia, ya que las dudas siempre aparecían y las respuestas enseguida se iban de mi cabeza, y la continua pregunta siempre se mantenía como un monstruo muy dentro de mí: ¿Por qué me siento así?. Me recuerdo en el patio de mi casa pateando una pelota, ¿cómo olvidar aquel gol que hice con la camiseta de Boca? Olvidar, olvidar, olvidar, no tengo que vivir de recuerdos, me dijeron muchas personas en el camino. Pero sin importarme nada, yo seguía recordando mientras corría. Los recuerdos eran todo lo que tenía en mi vida, pues el futuro es hoy, pero, ¡que oscuro está! No sé quién bajó el interruptor de la luz en mi habitación. Gritos, gritos y gritos mientras el Sol me decía que ya era tiempo de despertar. ¿Un sueño? No, para nada. Esto es la vida, pero soñando despierto todos los días, aún seguían intactas cada una de mis fantasías. Nunca fui de dormir demasiado, pero gran parte del día me la pasaba perdido en mi mundo, si dormía siete horas, luego quizás seis más las pasaba pensando en cosas que nadie pensaba, le prestaba atención a la vida por ratos y luego volvía a correr, a toda prisa mi reloj avanzaba, pues, me estaba poniendo mucho más viejo que ayer. No digo que ya tenía el pelo blanco, ni nada de eso, pero las arrugas estaban dentro de mí, a tal punto que nadie se detenía a preguntarme ¿Por qué corría? ¿Qué me pasaba? ¿A dónde iba? No sé, no sé y no lo sé. Soy un adolescente, no lo sé todo… pero si tuviera el libro de las respuestas, aparte de buscar el motivo suficiente que pasó por la cabeza de la persona que decidió disparar hacia mi ídolo, rompiendo el sueño, manchando “all you need is love” con sangre, me fijaría el por qué los veintisiete es una buena edad cómo para morir, también buscaría cómo se sentían Kurt Cobain y Ian Curtis antes de su muerte y me fijaría que significa la palabra destino. Para comprenderla mejor, para sentirla, para ver si realmente existe.

   -Me estoy cansando- dijo Simón.
   -Sigamos un poco más, ya estamos por llegar…- respondí.
   -Pero ¿A dónde vamos?- preguntó
   -No lo sé, no importa tampoco…-
   Era verdad, no sabía dónde íbamos, quizás sólo corríamos por correr, por hacer algo diferente, o solamente por sentir el aire por nuestro cuerpo, pero, que diferente que se veía la vida al paso de todo, nos cruzamos con muchísimas personas, personas que hasta incluso ni sabíamos sus nombres. Pero vimos a Cira y a María, María y Cira, una dupla de chicas que te pueden hacer descostillar de la risa cuando se les da por delirar, estaban sentadas en el medio de la plaza, escuchando música compartiendo auriculares. –¡Ey chicos! ¿Cómo están?- gritaron invitándonos a sentarnos con ellas, ¡pero no! Con simón estábamos demasiado apurados al llegar al todo y a la vez a la nada, así que: -Perdón, pero hoy no…- dije sonriéndole a las dos. Recuerdo esa noche en la que me acompañaron al cine, como ya sabrán soy amante de la cinematografía y suelo ir bastante al cine, pero casi siempre solo, con esto del alquiler de películas la gente dejó atrás la tradición de sentarse en una butaca frente a una pantalla gigante, yo no cambio esa sensación por nada, amo sentir que se apagan las luces cuando está por empezar una película, es como a aquel que le gustan los deportes ver entrar a la cancha a su equipo favorito, o a aquel que le gustan los autos oír el ruido de un motor, pero bueno, gustos son gustos y no hay nada escrito, dos o tres veces al mes iba al cine a ver una que otra película. Obviamente que a veces salía emocionadísimo y otras veces insultando al mismo director, el cine siempre sorprende al mundo, uno nunca sabe que se va a encontrar cuando está por empezar la película. Y bueno, volviendo un poco al tema, me acuerdo el día en que Cira y María me acompañaron al cine a ver la nueva película de Clint Eastwood, no les voy a contar la sinopsis de la peli y mucho menos si me gustó o no me gustó, sólo quiero hacerles saber lo mucho que me hicieron reír esa noche y cuánto aún más cuando molestaban al pelado que teníamos en la butaca delante nuestro. ¡Qué chicas! Luego el tiempo nos fue separando y lamentablemente hoy hasta es extraño que nos crucemos en la calle, el destino no nos quiere ni cruzar, maldito destino derrochador de amistades.
Bueno, el camino seguía y faltaba aún más, el perro de la señora Gladys nos corrió más de tres cuadras y Simón en verdad le temía a los perros desde la vez que aquel fox terrier le mordió el tobillo y a pesar de su tamaño, el perro era duro en realidad. –No seas llorón- dije y él se rió. Frenamos a fumar un cigarrillo, nos sentamos en un banco frente a la estación de tren.
-Podríamos correr por la vía- dijo.
-No estaría para nada mal- contesté.
Luego empezamos a hablar de aquella chica con la que Simón se abrió totalmente, cada uno con su juego, no se sabía quien en verdad había ganado, ambos sufriendo decidieron alejarse y vivir sus vidas. Parecían dos idiotas no queriendo aprovechar lo mucho que tenían y obvio que siempre iba a escuchar a Simón, pero me daba tanta lástima que aún no se diera cuenta que el creer en otra persona es realmente en vano, a veces siendo sincero nos destrozan, siendo horribles nos destrozan y hasta incluso ya destrozado nos siguen arruinando; y “El amor nos destrozará…” escribió Ian Curtis antes de suicidarse ¿y qué? ¿cómo decirle que estaba equivocado después de que sentí las emociones más hermosas y luego haber fracasado?
Simón lagrimeaba tras recordar su corazón y:-¡Hermano nos merecemos algo mucho mejor!- dije hacia dentro y pensé: nacimos no sabiendo nada del mundo y nos vamos a morir aún sabiendo menos, porque entre el choque de la alegría y la decepción, la explosión de las dudas contamina todo a su alrededor, podridos por dentro, sólo queríamos ver un cielo, pero, ¿Qué es esto? Si ayer creíamos en el amor, ¿hoy por qué no puedo sentir esperanza?
-Dale, sigamos mejor- dijo
Me paré y empezamos a caminar, cada vez un poco más rápido hasta que una vez más estábamos corriendo. Hablamos un toque más, ya saben, hartos de filosofar de sueños y corazones rotos, caímos un toque más en la realidad y ¿Quieren saber porque me drogo? La droga me hace sentir diferente, sí, sonará absurdo, pero bueno, que mierda me importa. Cuando no hay tiempo para soñar, en cinco minutos crezco y luego desaparezco, envejezco, muero y luego vuelvo a ser un niño otra vez. Al carajo la vida, tengo dieciséis años, veinte, treinta y hasta a veces sesenta y conozco el sentido exacto de mi existencia, ésta: estar tirado en mi cama pensando cosas que a nadie le importa porque la pasan por arriba como si lo importante pasara por quienes vamos a ser en un futuro. Entiendo que no entiendan, me da pena, pero bueno, no hay que juzgar a quienes no comprendan. Muy jóvenes para sufrir, demasiado viejos para morir, éramos sólo el llanto de nuestros padres al amanecer. A la mierda con la mierda, sabíamos que nada nos esperaba mañana, entonces, ¿por qué seguir esperando? Nuestra vida era vida porque aprendimos a acelerar todo lo que se nos presentaba delante, siendo vulnerable a todo, quedé enterrado en varios pozos a la vez. Tapado por la nieve, quemado por el fuego y hasta incluso ahogado en lágrimas, vivía ebrio de emociones y perdiendo el control para no sentir la angustia del mundo tras oscurecerse. Totalmente bipolar, el momento menos esperado llegaba una vez más, la etapa depresiva: esas etapas del orto que te engañas hasta vos mismo haciéndote creer que todo está bien, cuando sabemos que todo está mal, que nada es triste, cuando sabemos que todo cambió. Y hoy, hoy, hoy, la extraño, lo saben ¿o no? Y quizás al prometerle que no iba a cambiar, le quedó realmente en claro algo que nunca quiero que olvide: que de la noche a la mañana se había convertido en mi mundo.

-¡Mirá quién está ahí!- dije señalando al videoclub.
-¿Es la profesora de Literatura? Preguntó simón
-Sí- contesté
-Faa, que vieja que está
Y yo me reí por la manera en que se expresó, aunque sí, era verdad, la señorita ya no era señorita sino señora y abuela, no recuerdo cuando se jubiló de la escuela, pero sí recuerdo los chocolates que nos regalaba antes de irnos los viernes a nuestras casas, decía que Simón y yo éramos sus alumnos preferidos y obvio que sí. Si con él sabíamos todo sobre la mitología griega que a ella tanto le fascinaba, desde el minotauro hasta el mismo Hades, la medusa aparecía varias veces en mis sueños, desde que vi “Hercules” de pequeño me entusiasmé y empecé a leer todo lo que encontraba sobre el tema. Y encima que amaba la filosofía, aparte de conocer a Sócrates y Platón, saber sobre la mitología, me daban ganas de conocer la misma Grecia enseguida, sería un buen viaje para mí, lo sé. Pero bueno, también bastante cerca estaba ese idiota de Sebastián, que persona más imbécil, él y su amigo Federico siempre buscaban las imperfecciones en el otro, pues, como sabrán a nosotros no nos gustaba para nada que nos dijeran nuestros defectos y mucho menos personas como esas a las que uno no les tiene nada que envidiar. Un día dejé mis ideas pacifistas de lado y con Juan le dimos una paliza que creo que no va a olvidar, hasta el día de hoy agacha su cabeza para evitar saludarme, pero bueno, sin rencores, le dimos lo que se merecía porque ya estaba bastante pesado con su soberbia barata, no digo que no lo volvería a hacer ni que me arrepiento, solamente estoy diciendo que no soy un monstruo para que alguien así me tenga que temer. Federico era un imbécil distinto, con él nunca tuve problemas porque a pesar de que sabía lo mal que hablaba de mí a mis espaldas, nunca tuvo el coraje o el tiempo de mirarme de arriba abajo y acercarse a decirme algo, pero él, se había convertido en el nuevo novio de una de las chicas con las que yo salía, no digo que me quitó al amor de mi vida, pues nunca sentí nada por nadie como lo sentí por Luna, ya que al conocerla, todos los recuerdos anteriores a ella me dijeron que eso no era amor, sino un toque de cariño y excitación, Luna me hizo ver el amor verdadero y matar dentro de mi todo tipo de recuerdos con otra chica antes que ella apareciera. Típico: una chica con la que pasaste un tiempo se queda pensando en todo lo que pudimos ser, pero sin pensar que Cupido no apostó a nosotros y el amor jamás existió, piensa que encontrando a alguien nuevo, puede llegar a hacer surgir celos en alguien como yo, ¡pero no cariño! Yo antes no enloquecía por nadie y menos lo iba a hacer por vos…

   -Esperá un segundo- dije y me detuve a saludar a la señora Nélida mientras sentada en un banco miraba el suelo. Recuerdo a Nélida abrazándome al agradecerme tras haber leído una poesía en el acilo de ancianos, de vez en cuando iba con mi papá a visitar a los abuelos y siempre me pedían que les leyera algo. El señor Francisco no hablaba mucho, sólo Nélida lo entendía, tantos años de casados daban ejemplo a personas que poco creen en el amor y ven como algo efímero la pasión entre las personas. Francisco murió de un día para el otro, no me lo esperaba en verdad, volvía a mi casa para cenar y al vivir al lado de una funeraria uno se entera siempre a quien están por velar, al ver su nombre en uno de los carteles enseguida se me habían venido a mi cabeza todas sus sonrisas después de los encuentros, no es que tenía una relación de toda la vida con el señor Francisco, pero es tan difícil aceptar que nunca más vas a volver a ver a una persona. Llegué a mi casa y le dije a mi papá si había visto quien había fallecido y sí, ya lo sabía, pero estaba esperándome para juntos ir a decirle a Nélida que contaba con nosotros para lo que sea. Nunca me gustaron los funerales, pero sentía que a éste no podía no ir. Fuimos después de cenar, entramos y ahí estaban los demás abuelos que al verme me abrazaron como al mejor de sus nietos, la señora Nélida estaba junto al cuerpo y yo paralizado era la primera vez que sentía eso. Nunca había estado frente a una persona muerta. Era un cuarto tan frío y Francisco estaba totalmente pálido mientras su mujer lo acariciaba, no respiraba, nunca había visto a alguien no respirar en verdad, totalmente angustiado no sabía para donde mirar. Qué triste me sentía, ¿así iba a verme yo? ¿Así iba a verse mamá al morir? ¿papá? ¿mis hermanos? Pues, Sofía al cerrar sus ojos se seguía viendo hermosa, pero al ver el cuerpo de una persona mayor en un ataúd, uno siente tanta debilidad, es cómo ver a un niño intentando caminar y tras cada paso una caída. Toda mi vida pasó por mi cabeza, desde niño, hasta anciano y mi cuerpo en un cajón, espero que exista alguien que siga tocando mi frente hasta el momento de mi muerte, no quiero morirme solo, pero muchas veces digo lo que quiero y pasa exactamente lo contrario, por eso no hablo mucho de mis deseos, prefiero que sólo sucedan. Y como verán, todo termina en la nada, miraba a Nélida, y dentro de mí, lloraban muchas personas, pero pocas veces fui lo demasiado fuerte como para sentarme a llorar con alguien, por eso la saludé solamente, le pregunté cómo estaba y seguí con mi rumbo, Simón me esperaba.
   Ya el Sol caía, y estábamos un poco cansados: -Hasta acá no más…- dijimos y nos sentamos a ver el atardecer.
-¿Alguna vez pensaste que crecer iba a ser esto?- pregunté.
-Siempre pensé que iba a ser un gran ejemplo- Simón respondió.
-Pero lo sos amigo… para mí siempre fuiste un gran ejemplo… ¿eso no te alcanza?-
-Puede ser que sí-
-¿Pero que quiere el mundo?-
-¿Qué querés vos?-
-Estar acá por siempre-
-Somos buenos amigos y siempre lo vamos a ser-
-¿Pase lo que pase?-
-Siempre vamos a ser amigos…-
-Sí. Siempre vamos a ser amigos…-

   La noche no fue hecha para ir al colegio, entonces ¿Qué tengo que aprender acá? Me pregunté dos o tres veces y encontré varias cosas en mi habitación, tantas películas que ya había visto me hacían pensar en las noches con Luna, tanto humo ahora ¿Qué hago acá? Tantas sonrisas que olvidé, hasta olvidé de ponerme mis lentes oscuros ayer, creía que mis ojos aún estaban arriba de mi nariz pero últimamente sólo veo el suelo debajo de mí, es como si me la pasara llorando día y noche, pero hay que entender que ya no lloro para el mundo, sino que lloro para mí, no derramo lágrimas y hay poca sangre circulando por mi cuerpo,  soy como un zombie que eligió ponerse viejo.  Tan pálido como la nieve, casi congelado con mis labios agrietados pedía por favor un poco de compañía. Caminé rápidamente hacia un bar en el centro, me senté en la barra y: -una cerveza por favor- dije. Me encendí un cigarrillo, miré para un lado, luego hacia otro y enseguida volví a mirar el suelo. A mis costados había dos ancianos contando sus anécdotas el uno al otro, juro que me daban ganas de ir a escucharlos, a tal punto que los miraba y los miraba para que me dijeran de ir a sentarme: -Vení nene, esta silla está vacía…-, ¡pero no! nunca lo hicieron, supongo que ellos creen que la juventud está muy perdida como para querer sentarse a escuchar historias de otros tiempos. Miré para la barra y luego al cenicero, me toqué un poco el codo, por cierto aún me seguía doliendo por aquella caída en mi habitación mientras me invadía el infierno. Que frío hacía, tirado en medio de la nevada, el fuego seguía aún intacto, todas mis cosas se quemaban y yo nada podía hacer ya que nunca supe cómo solucionar problemas, siempre permanecí al costado, marginado por mi mismo sólo me podía tapar la boca y sorprenderme por cómo todo se iba de mí. Una hoja, necesitaba una hoja para escribir todo lo que pasaba dentro mío, pero multifacético me volví con el tiempo, sonriendo mi mundo se iba de un lado hacia otro, de arriba abajo y mis brazos volvían a ser pinchados, olvidando el transcurso en que decidía dejar la heroína para siempre. El “efecto mundo retardado” siempre significó mucho para mí, ya al ser el único quien padecía ésta extraña enfermedad inventada por mi cabeza, me dejaba siempre atrás de todo, nunca encajando con el resto de las piezas, perdido en la niebla y Luna miró el cielo. -¿Qué es eso?- preguntó al ver caer una luz verde de arriba. Y cuando la ciencia no puede responder algo enseguida siempre digo que un ovni es la solución, entonces –No lo sé mi amor, quizás un ovni- respondí.
-No puede ser- ella dijo
-Y ¿Por qué no?- contesté
-Porque no hay vida en otro planeta
-No podés asegurar eso-
-¿Cómo que no?
-Esto es demasiado inmenso- dije dejándome caer al suelo.
-Sí. Pero un ovni no es la solución a lo desconocido- dijo riendo dejándose caer ella también.
-Pero ¿para qué querés saberlo?, si ni siquiera tampoco sabemos dónde van los patos en invierno. O cuánto tarda una flor realmente en florecer, ni si quiera sabemos si es real todo lo que vemos y hasta discutimos cosas religiosas que muchos aseguran como cierto. Hay muchas cosas aún que aprender…
-Es que quería saberlo, yo pienso que la verdad es muy relativa, que la mente es un mundo. Y si me interesa saber que es lo que cayó del cielo, ¿Por qué alguien tiene que discutir que es lo que quiero aprender? Y quizás tengas razón, pudo haber sido un extraterrestre mi amor ¿Por qué no?- dijo sonriendo
   Le dí la razón, ya que me dejó en silencio porque tenía razón al decir que cada mente es un mundo. Pero mi amor siempre fui un retardado en el momento de decir: -lo siento- lo sabes bien. Pero con la cabeza en otro lado aprendí a mirar para los costados y enloquecí, enloquecí con el tiempo ya que dejé de sentir que lo suficiente me podía llenar, harto de gritar que lo suficiente nunca era suficiente permanecí vacío durante días, semanas y meses. Ella era tan radiante y yo era tan extraño, yo permanecí extraño en su partida y ella radiante aún pero nunca más me llegó un poco de su luz, sólo vestigios, las fotos donde decíamos que el mundo podía quedarse así, ya que nosotros nos teníamos el uno al otro, ella sonriendo y yo cabizbajo, siempre fui tímido para las fotografías. Pero si hoy lamento lamentar tanto, ¿Por qué nadie puede reiniciar el juego? Sería una oportunidad distinta, algo nuevo, pero no se bien que error cometería por segunda vez. Quizás aquella tarde en la que mi madre me dijo que me necesitaba para hacer cosas fuera de casa, yo la dejé esperando horas en la calle ya que había elegido olvidarme lo que ella me había pedido e inyectarme una vez más y permanecer callado. Mis ojos casi destrozados, era tan angustiante recordar lo que nunca iba a poder ser. Mi mamá sólo quería darme una sorpresa, regalarme aquella remera que tanto me había gustado cuando la ví. Pues, ni la acompañé. Como acabo de decir, había encontrado algo mejor para hacer sin haber consultado con ella y esa escena se repetía y repetía al pasar los días mientras todos estaban más acelerados, yo descendía mi nivel de vida en el tiempo, casi todos los días nevaba y nevaba a pesar del Sol, pues, mierda, yo ya no era el principito que era ayer, ahora sólo era un extraño hasta para mi propio planeta. Y si hasta mi cuerpo era extraño para mí, yo entonces sólo era un fantasma que se la pasaba deambulando buscando cualquier tipo de emoción.