jueves, 12 de enero de 2012

12 - ¿Cuándo Cambiamos Tanto?



   La rosa se iba quedando sin pétalos, aunque me costara admitirlo sabía en el fondo que poco a poco se iba a marchitar. Porque todo se termina, sí, lamentablemente, todo se termina…
  
Ayer ella había olvidado otro recuerdo, quizás la ves que nos pasamos la noche hablando estupideces y riendo sin parar, un miércoles era, eso creo, nunca tuve un buen control sobre los días, mis padres no estaban en casa y ella estaba más linda que nunca, me sacó fotos y apagó cada uno de los cigarrillos que yo prendía, quería algo perfecto, pero nunca iba a conseguir algo perfecto estando a mi lado, lo sabía…
   Espero que no me olvide por completo…
   Murieron dos payasos en un triste invierno.
   Él tomándole la mano le dijo: -Pronto estaremos juntos otra vez…  y ella desilusionada miró su último amanecer y suspiró. “-Necesito que ese pronto llegue muy rápido, me siento tan frágil…” dijo ella y dejó partir más de diez lágrimas.
   Él dijo: “-Verano…” y ella contestó: “-El frío del invierno nos congeló…”
  
Él gritó: “-Flores.” Y ella: “-hace tiempo se marchitaron…” respondió.
   Él apenado cerró sus ojos y ella en silencio se arrodilló.

   Por semanas y semanas las cosas no anduvieron para nada bien, con Nacho y con Lucho era con los únicos que me hablaba de los chicos, los demás andaban demasiado perdidos como para acordarse de juntarse una y otra vez como lo hacíamos antes, estábamos perdiendo lo mejor que teníamos, nuestra amistad, no es que busque monotonía, sino que extraño verlos todos los días. Cada momento era aún más triste, a veces cuando mi madre me llamaba tras despertarme yo le contestaba con un simple: -Dejame en paz-, ya que realmente eso era lo que en verdad quería: Paz dentro de mí, y no esta tortura que siento tras sentirme excremento del planeta. Siempre tenía un poco de marihuana en mi bolsillo para reírme un rato y ponerme a escribir, amaba no poder distinguir la fantasía de la realidad a veces, y otras veces me asustaba el estar perdido por ahí y ni yo mismo poderme encontrar. Por momentos todo iba bien, pero a veces todo se ponía aún más gris que ayer y cuando parecía que todo se derrumbaba Nacho aparecía en mi casa para contarme como iba todo. El grupo ya no era un grupo, si no seis personas divididas. Ya no salíamos a deambular por las oscuras noches, la soledad era mi estandarte y me drogaba para sentirme bien como antes, necesitaba sentir que nada había cambiado, pero siempre lo que necesito está lejos y Luna se iba alejando cada día un poco más. Había días que me los pasaba a oscuras en mi habitación, no salía para nada, mi mamá me llevaba la comida y yo lo único que hacía era escribir, o ver alguna película o escuchar música y de vez en cuando dibujaba, todo perdía sentido, todo cambiaba de color, el pelo me crecía y ya casi ni me preocupaba verme bien porque a nada lo veía tan importante como era estar como antes, porque el tiempo con su tiempo me hizo mierda.
  
    Luna cada vez me visitaba menos, y las veces que venía, entraba a mi cuarto, ponía una canción triste y se sentaba en mi cama para ver como yo terminaba un cigarrillo. Estábamos en el mismo cuarto, estábamos en la misma cama, pero les aseguro que estábamos más lejos que nunca, ya casi ni me miraba y cuando me miraba era para hacerme esa mueca en donde cierra los ojos y baja la cabeza y yo me daba cuenta que cada vez nos desconocíamos aún más. Estaba con Luna pero igual la había perdido, yo sabía que ya la había perdido y lo único que a ella le faltaba era decirme que ya no me quería como antes, que ya todo había terminado, que nuestro tren había partido y nunca más iba a volver, que nuestra película terminó y nadie se paró a aplaudirla, que nuestra historia nunca tuvo un sentido suficiente para vivir en ella.
   Cada día intentaba recomponer todo, empezar una nueva vida con ella, ¿pero cómo? Si ella me veía a mí, cómo algo que yo en verdad no quería. Porque ella sabía muy bien que yo iba a compensar hasta el último grado de su locura adolescente, fugas y sueños locos, yo iba a acompañarla hasta los lugares que nadie conocía. Sí, ella lo sabía muy bien que conmigo podía contar en llantos tanto como en risas, que si la vida terminaba de un día para el otro yo iba a estar a su lado escuchando: Stand by me, mirando como se cae el techo. Que podía desear, desear y desear sin llorar fracasos,  porque me veía como su guía a su mundo inconsciente. Un niño delirante y callado, siempre me dijo que era lo mejor, pero hasta todo lo perfecto, tiene su pequeño error. Yo no era buen acompañante en su vida real. No sé bien, eso es lo que yo pienso, ya que nuestro amor se había desgastado en una fantasía creada por nosotros mismos. Quizás creció, ella creció y yo empequeñecido le gritaba por favor que no toque más las nubes sin mí, pero ella demasiado grande me hacía sentir cada vez más pequeño. Y si me preguntan si: ¿éramos felices? Ni lo duden, nunca antes había sido tan feliz. Pero como dije: todo se termina. Nuestro corazón partido en dos pedía ayuda desangrado en la alfombra, deseando un toque de odio, quería cerrar los ojos y no volver a ver nada, prefería ser ciego antes de seguir viendo cómo lo que más quería en la vida se alejaba de mis brazos. Y no es de cursi, ni nada de eso, saben bien que no me va la cursilería, pero si sea otra persona la que se aleja y deja otro hueco en mí, imaginen que Luna era el equivalente a un mundo entero dentro mío. Totalmente vacío vomitaba mi niño interior no queriendo volver a sanar. Tanta perfección pasó a ser inocuo para mí, pero ella quería algo distinto al parecer, pero me culpo y a la vez me desocupo de la culpa tras saber que di todo. Porque es verdad, di todo para que ella sea feliz. Pero sus pequeñas cosas, ya no estaban junto a mí, ya no me veía cómo aquella persona para caminar por la calle, supuestamente era como un sueño hecho realidad, pero a la vez ella no quería soñarme más, mi perfección pasó a ser absurda en la realidad, inútil, porque no era que a ella no le alcanzaba, me aclaraba todo el tiempo que le estaba dando mucho más.
   Y no entendía, por eso, le agarraba la mano y sin hablar nos mirábamos.
   -¿Qué pasó mi amor? ¿Cuándo cambiamos tanto?-
  
Ella sabía que yo sin ella no era nada, y yo sabía que ella iba a estar mejor sin mí, pero no podía dejarla ir, porque aún no estaba preparado para enfrentar ese tipo de muerte que cada vez estaba más cerca. La rutina seguía igual, la cual era que sin hablar se levantaba, me daba un beso sin sentirlo y se iba sin saber cómo iba a ser todo mañana; y así fue durante casi todo el mes. Septiembre murió, Octubre nunca apareció y Noviembre seguramente estaba demasiado ocupado como para traer la primavera a mí, entonces del invierno más frío pasé al verano más oscuro que viví, el invierno se prolongó y el verano se escondió durante la tormenta.
  
   Pero un día… un día todo cambió para los dos.
  
   Pensaba que mi vida ya había terminado, pero con el correr del tiempo mi vida dejó de ser su vida, en cambio la vida de ella era todo lo que yo tenía. Todo lo que estuve pensando por días y días se vino abajo cuando decidí hacer lo correcto.
   Llovía, llovía mucho, y a pesar de la tormenta fui hasta su casa, toqué timbre y atendió su madre, me dijo que Luna estaba en su cuarto. Con cada paso que daba me arrepentía aún más de lo que estaba por hacer, pero era eso, yo la amo y quería verla crecer, aunque en su felicidad yo ya no esté presente. Entré a su cuarto y todo estaba oscuro, estaba escuchando la misma canción con la que pasamos esa noche tan especial en el puente mientras el cielo se caía. Podía darme cuenta como lloraba mientras escuchaba nuestra canción, ella aún no sabía que yo estaba ahí y yo todavía no podía verla llorar, entonces fui hasta su cama y la abracé, y ahí fui yo el que empezó a llorar aún peor.
   Ella al verme de esa manera, intentó recomponerse y subirme el animo a mí, -pero no, está bien, ya se todo…- le dije desanimado acariciando su rostro y ahí los dos nos miramos, nos tomamos de la mano y nos dimos cuenta que en verdad ya todo había terminado.
   Pasamos alrededor de una hora abrazándonos mientras destrozados no podíamos creer como todo se había arruinado, les aseguro que me pone bien saber todo lo que compartí con Luna, saber que alguien así existe y existió en mi vida, pero puedo asegurar aún más que me destruye por completo saber que nunca más voy a poder estar con ella.

  “-Te voy a extrañar…” le dije deprimido secando sus lágrimas.
   Y ahí me paré y me fui, por parte soñaba que ella me parara y me diga que no, que las cosas podían mejorar, que me abrace y me diga cuanto me quiere, que no puede vivir sin mí y que yo soy el indicado para hacerla feliz, pero al darme vuelta y verla aún llorando recostada me daba cuenta que había hecho lo correcto, por primera vez en mi vida había hecho lo correcto.

   Al salir de su casa llovía aún más fuerte, sabía que me merecía todo esto, pero lo que no sabía era que podía doler tanto. Estaba empapado y ya no tenía ni cigarrillos, caminar me costaba aún más. Al llegar a mi casa me di cuenta que tenía que empezar de nuevo mi vida, ¿pero cómo? ¿Cómo empezar sin Luna? No entraba en mi cabeza la idea que desde ahora en adelante iba a tener que soportar ver fotos de ella sonriendo, sabiendo que en sus sonrisas había dejado yo de estar presente, obviamente que quería que sea feliz, ella se merecía hasta su última sonrisa, pero tampoco me entraba la idea en la cabeza que algún día sus brazos iban a abrazar a otra persona, que otra persona iba a pasar por su casa y decirle lo bien que le hacía pensar en ella, o que una noche bipolar iba a querer tirar mi mundo por mi ventana y ya no iba a estar a mi lado, promesas son promesas, lo sé, pero a pesar de que ella me dijera una y otra vez que ella iba a seguir estando para lo que yo necesite, Luna nunca iba a volver a mi habitación a susurrarme: “Te necesito…” mientras escuchábamos una canción. ¿Y qué había de las fotos con los patos en la mano? ¿Qué iba a hacer con las fotos de ambos acostados con los ojos bien cerrados? ¿Qué iba a hacer con todo?
   Subí hasta mi cuarto y me acosté boca abajo en mi cama a escuchar la canción que tanto me lastimaba…

 
  La noche se hizo eterna.
   No podía pegar un ojo, quería dormirme y pensar en algo diferente, pero por más que lo intentara y lo intentara no podía sacar a Luna de mi cabeza.
   Me senté en la cama y la luz aún seguía apagada, esta escena no podía ser tan triste. Todavía seguía mojado por la tormenta, no tenía ni ganas de bañarme, marqué su numero y llamé, al escuchar su voz atenderme corté rápidamente, esto no podía ser cierto, tenía que ser una pesadilla más. Quería llorar, quería decir “basta” y que luego salga el Sol en este otoño de mierda, quería olvidar el dolor y recordarla por siempre como un buen recuerdo…
   Quería decir “Adiós Luna…”.
   Quería decir “Hola vida nueva…”
   Pero sabía que olvidarla iba a ser imposible, entonces abrí el segundo cajón, busqué esa caja anaranjada, y tomé los elementos necesarios para dejar de vivir un rato. Preparé el mejor chute que podía preparar, até mi brazo de tal manera que mis venas se remarquen, y una vez más el diablo entró a mi cuerpo haciéndome caer al suelo.

   ¡Que hermoso, que bello! Podía ver toda mi vida pasar en un segundo.
   Acostado en la cama sin poder moverme sentía que podía hacer lo que yo quisiera, con los ojos entreabiertos dejé que el demonio me dominara por completo, todo se volvía hermoso de repente, la nieve ya no era tan fría, el viento no era tan fuerte, la vida ya no era tan triste…
   Suspiré y pude respirar más que nunca.
   El aire entraba por mi nariz y mi boca, y a la vez refrescaba todo mi cuerpo. Movía mi cabeza de un lado hacia otro, recorría el mundo entero desde mi cama, la foto de Luna a la izquierda, el poster de Woody Allen a la derecha, hacia arriba el techo, y abajo mi cuerpo, luego la cama, y luego no sé…
   Pero después de tanto, el placer me dijo que se iba por un rato, “-Espero que vuelvas pronto…” le contesté, y ahí lo ví salir de mi cuerpo sin equipaje, solamente iba a darse un paseo…  y fue ahí cuando volví a pensar en Luna…

   Él dijo: -Resiste… y ella apenada respondió: -Ya no puedo más… y cerró los ojos.
   Él dijo: -Despierta… y suspirando en silencio ella no dijo nada.
   Él lloró por meses y ella desapareció…

   ¿Y ahora qué? ¿Te vas? ¿De verdad te vas a ir? ¿Así como si nada? ¿Sin decirme “adiós”, “te quiero” o “algún día voy a volver”?
   Está bien, andate.
   Pero antes
asegurame que no vas a volver, que no te voy a volver a sentir, que no voy a volver a pensar en vos, asegurame eso y andate, no quiero verte más. Quiero pensar en que mañana voy a despertar sin haberte conocido, pararme a tu lado y decirte en el oído que estoy arrepentido de haberte visto aquella noche, de perderme con vos, de reírme con vos, de conocer mi peor parte, mi corazón.
   Ahora sí, andate. Porque en verdad me gusta mentir.
Creé que ya no te quiero, pensá eso y salí de mi mente sonriendo.
Pero te aseguro que me voy a quedar, si, si acá, en el banco donde nos conocimos. Donde me miraste, te miré y juntos nos dijimos "¿Qué es esto?"
Esto, esto que hoy perdimos sin haberlo conseguido, esto que tanto voy a extrañar sin haberlo tenido, esto...
Esto que me hace sentir que estoy muriendo...
Ahora sí, podés irte, Adiós…
Hasta nunca...


   La rosa se iba quedando sin pétalos, y sólo quedaban las espinas.
   Lo bueno nunca dura mucho tiempo. Pensé que lo tenía todo, pero la vida y yo nunca supimos ponernos de acuerdo y jugar el mismo juego. Luna se fue. Yo me fui de mi mismo para nunca, jamás volver.
 
   Abrí bien los ojos y no pude volver a cerrarlos en toda la noche…